Etcho toma su nombre de un cactus columnar de Sonora y Sinaloa (Pachycereus pecten-aboriginum). Su nombre viene de la lengua yoreme (mayo), y sus frutos espinosos se usaban antiguamente como peines: una herramienta cotidiana hecha con lo que ofrece la tierra.
El desierto es mi principal inspiración para pensar la tecnología. Ahí la vida trabaja con lo que tiene a la mano, se adapta a su lugar, y depende de otros para prosperar. El etcho alimenta a los murciélagos migratorios por la noche, y donde escasean los murciélagos, deja que aves y abejas lo polinicen de día. El mismo diseño, adaptado al lugar.
Intento construir de la misma manera: herramientas hechas a la medida del problema, la solución más simple que funcione, y datos que entendemos y respetamos.